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¿Por qué arde Francia?
Published 23 hours ago
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Francia atraviesa desde hace más de un mes las protestas más violentas de su historia reciente, algo nada menor en un país donde las manifestaciones callejeras son muy habituales. Todo empezó con una protesta estudiantil por el mal estado de los liceos, pero se ha convertido en un movimiento amplio y difuso contra el coste de la vida, los recortes del gasto público, el Gobierno de Sébastien Lecornu y el presidente Emmanuel Macron. Sindicatos, activistas de izquierda y antiguos chalecos amarillos se han unido a una movilización que este fin de semana sacó a la calle a medio millón de personas. La movilización del sábado se saldó con miles de detenidos, casi mil policías heridos, un manifestante muerto y miles de comercios saqueados. Ardieron edificios públicos, cayeron símbolos de la República y bandas de encapuchados vaciaron tiendas de lujo en Burdeos y París. Macron atribuye la violencia a grupos organizados de extrema izquierda y a delincuentes oportunistas, aunque admite que muchos manifestantes tienen motivos legítimos de queja. Lecornu apunta a la Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon, que niega toda responsabilidad y acusa a la Policía de haber provocado la escalada violenta. El Gobierno ha decretado toques de queda parciales y no descarta declarar el estado de emergencia. Nada de esto es nuevo. Las revueltas callejeras son una tradición de la que muchos franceses presumen. Desde la Revolución impera la convicción de que cualquier problema debe politizarse y de que la calle tiene poder para cambiar las cosas. Esa mística atraviesa todo el espectro ideológico y se alimenta de la debilidad de partidos y sindicatos, incapaces de canalizar el descontento, y de un Estado centralizado y presidencialista con muy pocos contrapesos. Y como la protesta suele funcionar, los gobiernos, temerosos, responden con una dureza que solo empeora las cosas. Pese a su declive, Francia sigue exportando símbolos e ideas radicales a izquierda y derecha. Quien más gana con el caos es Marine Le Pen. Con Macron fuera de juego en las presidenciales de la próxima primavera tras agotar sus dos mandatos, la líder de Agrupación Nacional se presenta como la única capaz de restablecer la ley y el orden. Ya actúa, de hecho, como si gobernase. Las encuestas la colocan muy por delante y el protagonismo que Mélenchon ha ganado con los disturbios hace más probable un duelo final que ella ganaría con holgura. El partido que antes asustaba a los mercados se ofrece ahora como garantía de estabilidad frente a un Gobierno impopular con un déficit desbocado y una deuda que encarece la financiación del país por encima de la de Italia o Grecia. Esas cuentas impiden a Macron comprar la paz social como hizo con los chalecos amarillos. El debate sobre la seguridad aplaza la discusión de fondo sobre la viabilidad del extremadamente generoso estado del bienestar francés. Los principales candidatos ni la plantean y prometen más gasto, e incluso rebajar la edad de jubilación. Sobre Le Pen pesa una condena por malversación que quizá la obligue a hacer campaña bajo vigilancia judicial, pero nada parece frenarla. Contenido: 0:00 Introducción 3:43 Un sábado de fuego y saqueo 14:14 Premios iVoox - https://premios.ivoox.com/ 15:58 Un país que se gobierna desde la calle 28:00 “La ContraHistoria del mundo”… https://link.amazon/B0cobFCjU 29:38 Le Pen recoge la cosecha 38:46 La falta de educación financiera 45:23 Los robos en el comercio electrónico 49:24 ¿Volverá Sánchez a gobernar? #FernandoDiazVillanueva #macron #francia Escucha el episodio completo en la app de iVoox, o descubre todo el catálogo de iVoox Originals
Francia atraviesa desde hace más de un mes las protestas más violentas de su historia reciente, algo nada menor en un país donde las manifestaciones callejeras son muy habituales. Todo empezó con una protesta estudiantil por el mal estado de los liceos, pero se ha convertido en un movimiento amplio y difuso contra el coste de la vida, los recortes del gasto público, el Gobierno de Sébastien Lecornu y el presidente Emmanuel Macron. Sindicatos, activistas de izquierda y antiguos chalecos amarillos se han unido a una movilización que este fin de semana sacó a la calle a medio millón de personas. La movilización del sábado se saldó con miles de detenidos, casi mil policías heridos, un manifestante muerto y miles de comercios saqueados. Ardieron edificios públicos, cayeron símbolos de la República y bandas de encapuchados vaciaron tiendas de lujo en Burdeos y París. Macron atribuye la violencia a grupos organizados de extrema izquierda y a delincuentes oportunistas, aunque admite que muchos manifestantes tienen motivos legítimos de queja. Lecornu apunta a la Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon, que niega toda responsabilidad y acusa a la Policía de haber provocado la escalada violenta. El Gobierno ha decretado toques de queda parciales y no descarta declarar el estado de emergencia. Nada de esto es nuevo. Las revueltas callejeras son una tradición de la que muchos franceses presumen. Desde la Revolución impera la convicción de que cualquier problema debe politizarse y de que la calle tiene poder para cambiar las cosas. Esa mística atraviesa todo el espectro ideológico y se alimenta de la debilidad de partidos y sindicatos, incapaces de canalizar el descontento, y de un Estado centralizado y presidencialista con muy pocos contrapesos. Y como la protesta suele funcionar, los gobiernos, temerosos, responden con una dureza que solo empeora las cosas. Pese a su declive, Francia sigue exportando símbolos e ideas radicales a izquierda y derecha. Quien más gana con el caos es Marine Le Pen. Con Macron fuera de juego en las presidenciales de la próxima primavera tras agotar sus dos mandatos, la líder de Agrupación Nacional se presenta como la única capaz de restablecer la ley y el orden. Ya actúa, de hecho, como si gobernase. Las encuestas la colocan muy por delante y el protagonismo que Mélenchon ha ganado con los disturbios hace más probable un duelo final que ella ganaría con holgura. El partido que antes asustaba a los mercados se ofrece ahora como garantía de estabilidad frente a un Gobierno impopular con un déficit desbocado y una deuda que encarece la financiación del país por encima de la de Italia o Grecia. Esas cuentas impiden a Macron comprar la paz social como hizo con los chalecos amarillos. El debate sobre la seguridad aplaza la discusión de fondo sobre la viabilidad del extremadamente generoso estado del bienestar francés. Los principales candidatos ni la plantean y prometen más gasto, e incluso rebajar la edad de jubilación. Sobre Le Pen pesa una condena por malversación que quizá la obligue a hacer campaña bajo vigilancia judicial, pero nada parece frenarla. Contenido: 0:00 Introducción 3:43 Un sábado de fuego y saqueo 14:14 Premios iVoox - https://premios.ivoox.com/ 15:58 Un país que se gobierna desde la calle 28:00 “La ContraHistoria del mundo”… https://link.amazon/B0cobFCjU 29:38 Le Pen recoge la cosecha 38:46 La falta de educación financiera 45:23 Los robos en el comercio electrónico 49:24 ¿Volverá Sánchez a gobernar? #FernandoDiazVillanueva #macron #francia Escucha el episodio completo en la app de iVoox, o descubre todo el catálogo de iVoox Originals