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Martes 4 de Agosto de 2026 / Melquisedec (4) Consideremos la grandeza del Señor
Description
Considerad, pues, cuán grande era este, a quien aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín.
Melquisedec (4)
Consideremos la grandeza del Señor
Cuando Abram regresó de la batalla contra los reyes, se encontró con el enigmático sacerdote Melquisedec (véase Gn 14:18-20). El autor de la Epístola a los Hebreos utiliza este episodio para enseñar que había alguien más grande que Abraham. Y no solo más grande que él, sino que –por implicación– habría un sacerdocio muy superior al de Aarón y, por tanto, superior a todo lo relacionado con la Ley de Moisés.
En la Epístola a los Hebreos se presentan dos razones que demuestran la superioridad de Melquisedec, quien es figura de Cristo. En primer lugar, se destaca que Abraham le dio los diezmos a Melquisedec. Esto significa que los descendientes de Abraham –Leví, Aarón y toda la línea sacerdotal– también lo hicieron, en cierto sentido, puesto que aún estaban “en los lomos” de Abraham (véase vv. 4-5, 8-10; Gn 14:20). Los sacerdotes aarónicos y los levitas, quienes normalmente recibían los diezmos del pueblo, se nos presentan aquí como diezmando a un sacerdote aún mayor, lo que indica claramente la superioridad de Melquisedec.
En segundo lugar, se nos dice que Melquisedec bendijo a Abraham, y el texto enfatiza: “Sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor” (véase vv. 6-7; comp. Gn 14:19). Esto muestra que Melquisedec era, efectivamente, superior a Abraham y, por consiguiente, superior también a Aarón y al sistema levítico en su conjunto. Tal conclusión lleva al autor a declarar que incluso la Ley misma era inferior al orden sacerdotal representado por Melquisedec (véase vv. 11-12). ¡Qué verdad tan poderosa para los creyentes!
El Salmo 110:4 predijo que el Mesías sería “sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec”. Y Hebreos nos exhorta a considerar cuán grande era este hombre. Pero la enseñanza del Espíritu Santo va más allá: si Abraham se inclinó ante Melquisedec –quien no era más que una figura de Cristo–, ¡cuánto más deberíamos nosotros honrar al Señor Jesucristo, nuestro verdadero y eterno Sumo Sacerdote! ¿Valoramos en verdad la grandeza de nuestro Gran Sumo Sacerdote?
Brian Reynolds