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ele mueren los bebés a la gobernadora y a la fiscal y no los quieren entregar.
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sele mueren los bebés a la gobernadora y a la fiscal y no los quieren entregar. Señoras y señores… agárrense de donde puedan, porque esta historia no la escribió un guionista de telenovela: la escribió la frialdad del poder en Tlaxcala. Ocho días. Ocho días vivió una criatura en este mundo. Y cuando su corazoncito se apagó, empezó el verdadero calvario… no para el bebé, que ya descansaba, sino para sus padres. Porque según denuncian los propios afectados, las autoridades se negaron a entregarles el cuerpo de su hijo. Así, como lo escuchan: papá y mamá tocando puertas, suplicando, mendigando un derecho tan elemental como enterrar a su propio hijo… y del otro lado, silencio de mármol. ¿Y dónde estaba la Procuraduría? ¿Dónde estaba la Fiscalía? Ah, qué pregunta tan ingenua la mía. Estaban donde siempre: en la comodidad del escritorio, donde el dolor ajeno no salpica. Porque díganme ustedes: si a la Fiscalía de Tlaxcala —según las denuncias ciudadanas que ya conocemos— no le importa que personas de la tercera edad se orinen encima en sus instalaciones porque no hay ni un baño digno… ¿de verdad creían que le iba a importar un bebé muerto de ocho días? El que es insensible con el abuelito que espera de pie, es insensible con el angelito que espera en plancha. Y aquí viene el capítulo de revista del corazón, pero sin corazón: ¿y las encargadas del DIF? Ese DIF que presume en sus fotos oficiales que "la familia es primero". Las hijas de la señora gobernadora, colocadas al frente de la asistencia social del estado, ni la cara enseñaron. Ni un comunicado, ni una llamada, ni una lágrima de utilería. Nada. Porque en el reino de los reflectores, los muertos que no dan likes no existen. Cuando el hombre entregó su libertad natural al Estado, lo hizo con una condición: que ese monstruo enorme, ese soberano todopoderoso, lo protegiera. Ese fue el contrato. Ese fue el pacto. Pero cuando el soberano se dedica a la foto y abandona al ciudadano, el contrato se rompe… y regresamos al estado salvaje, a la guerra de todos contra todos, donde una familia humilde tiene que pelear sola contra la maquinaria del poder para recuperar el cuerpo de su hijo. ¿Y saben cómo terminó esta historia? Aquí viene lo más vergonzoso. No fue la Fiscalía la que reaccionó. No fue el DIF. No fue el gobierno. Fue hasta la noche de hoy, y según relatan los padres, gracias a la intervención de un candidato a la gubernatura, que por fin les entregaron los restos de su bebé… en estado de descomposición total. Ocho días de vida, y quién sabe cuántos de abandono institucional. Qué ironía tan cruel: el aparato del Estado, con todo su presupuesto, sus escoltas, sus camionetas y sus hijas en la nómina del DIF… fue incapaz de un solo gesto de humanidad. Y tuvo que llegar alguien de fuera del trono para hacer lo que el trono no quiso hacer. Señora gobernadora, señora fiscal, señoritas del DIF: los muertos no votan, es cierto. Pero los padres de ese bebé sí. Y los abuelitos que se orinan en sus pasillos, también. Y Tlaxcala entera está tomando nota. Porque cuando el gigante que debía protegernos se vuelve de piedra… el pueblo recuerda que ese gigante lo construimos nosotros. Y lo que el pueblo construye… el pueblo lo puede derrumbar. Informó Chema Méndez, para Objetivo AM 1370 y Peligrosa Radio 1370 AM.