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Hay momentos que no necesitan explicación. El Mundial de Futbol es uno de ellos.
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MATACHINES DEL PODER
Hay momentos que no necesitan explicación. El Mundial de Futbol es uno de ellos.
México vuelve a ser anfitrión del evento deportivo más importante del planeta y millones de mexicanos, incluyendo miles de tlaxcaltecas, tienen derecho a sentirse orgullosos, emocionados y hasta conmovidos. Porque el futbol tiene esa extraña capacidad de unir a quienes nunca se ponen de acuerdo en nada. Por unas horas desaparecen los partidos políticos, las diferencias sociales y hasta los pleitos familiares. Todos se convierten en una sola afición.
Y sí, es válido emocionarse.
Es válido que un niño quiera ver la inauguración. Es válido que una familia se reúna frente al televisor. Es válido que la gente quiera disfrutar un momento histórico para el país.
Lo que no es válido es que el gobierno confunda la emoción popular con una cortina para esconder los problemas de siempre.
Porque mientras los ciudadanos celebran el Mundial, también siguen haciendo filas eternas en oficinas donde no hay sistema. Siguen esperando medicamentos que nunca llegan. Siguen padeciendo la inseguridad que las cifras oficiales intentan maquillar. Siguen enfrentando trámites lentos, burocracia interminable y servicios públicos que funcionan a medias.
Y entonces apareció la gran idea.
Reducir la jornada laboral gubernamental y escolar para que todos corrieran a ver la inauguración.
Como si los problemas de Tlaxcala se suspendieran por noventa minutos.
Como si la realidad pidiera tiempo fuera.
Como si los expedientes pendientes, las consultas médicas retrasadas y las necesidades de la población pudieran esperar hasta después del silbatazo inicial.
Pero lo más sorprendente estaba por venir.
La convocatoria oficial para ganar playeras de la Selección Mexicana.
La instrucción parecía sencilla: grabar un video diciendo qué es lo que más enorgullece de Tlaxcala.
Sin embargo, las redes sociales hicieron lo que las redes sociales hacen cuando el gobierno pierde contacto con la realidad.
La gente respondió.
Y respondió con una sinceridad brutal.
Aparecieron videos hablando de la falta de medicamentos.
Videos hablando de inseguridad.
Videos denunciando problemas en servicios públicos.
Videos exhibiendo necesidades que diariamente enfrentan miles de ciudadanos.
La campaña diseñada para presumir logros terminó convertida en un buzón masivo de quejas.
Una especie de consulta pública involuntaria.
Un autogol político transmitido en tiempo real.
Porque cuando un gobierno pregunta qué siente la gente, debe estar preparado para escuchar respuestas que no le gustan.
Y eso fue exactamente lo que ocurrió.
El Mundial despertó alegría.
Pero también exhibió una realidad incómoda.
Los tlaxcaltecas aman el futbol.
Lo que ya no parece tan claro es que compartan el mismo entusiasmo por la forma en que se gobierna el estado.
Porque una cosa es celebrar a México.
Y otra muy distinta es pretender que un partido de futbol haga olvidar lo que ocurre cuando termina el partido.
El Mundial pasará.
Las playeras se desgastarán.
Los hashtags desaparecerán.
Pero los problemas que la ciudadanía está señalando seguirán ahí al día siguiente.
Esperando soluciones.
No promociones.
No concursos.
No videos virales.
Soluciones.
Informó Chema Méndez para Objetivo AM 1370 y Peligrosa Radio 1370 AM.