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Ainhara García - ¿Cómo sostener la esperanza sin cerrar los ojos a la catástrofe?
Published 6 months ago
Description
Hoy en “Otro Puchero es Posible” nos paramos a pensar en una sensación cada vez más presente: que vivimos tiempos complicados, frágiles, atravesados por palabras como crisis o colapso, y por miedos y cansancios difíciles de nombrar.
El episodio de hoy no busca negar la gravedad de lo que está pasando, ni tranquilizarnos con discursos optimistas, sino abrir otras preguntas: ¿Cómo sostener la esperanza sin cerrar los ojos a la catástrofe? ¿Qué significa aprender a vivir en este mundo cambiante que nos asusta?
La primera que nos da una respuesta es Ursula K. Le Guin, escritora de ciencia ficción. Le Guin defendía la imaginación colectiva como una práctica política: porque las historias que nos contamos no solo reflejan la realidad, también la construyen. Le Guin nos recuerda que para construir nuevos mundos, primero tenemos que atrevernos a imaginarlos. Sus novelas nos animan a seguir construyendo relatos que desafíen el sistema y a mantener activa la curiosidad por llevarlos a la práctica.
Después hablamos de Anna Tsing, antropóloga. En su libro “La seta del fin del mundo” parte de una idea potente: el colapso no es futuro, en gran parte del mundo ya vive entre ruinas. Pero ella se niega a ver estas ruinas como espacios de muerte. A través del matsutake, una seta que crece en bosques degradados, nos muestra que incluso en territorios dañados surgen formas de vida inesperadas. Para Tsing, la esperanza está en aprender a reconocer las formas de vida y de resistencia que ya están brotando.
Y es de esto último de lo que nos habla Tyson Yunkaporta, pensador indígena australiano, que a través de historias (en su libro “Escrito en la Arena”), señala un patrón que se repite: cambiamos de actividad productiva a medida que se agotan los recursos, pero no cambiamos nuestra forma de relacionarnos con la tierra ni entre nosotros. Frente a ese delirio, Yunkaporta propone aprender de cosmovisiones indígenas que sitúan la vida y el territorio en el centro.
En conjunto, las tres miradas nos hablan de lo mismo: de cómo aprender a vivir en un mundo complejo y herido sin seguir reproduciendo las lógicas que lo han llevado hasta aquí. Nos invitan a no negar la ruina, pero tampoco a resignarnos a ella; para seguir imaginando, reconociendo y tejiendo otras formas de vida y de relación.