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Back to Episodes3007. GPTs de ChatGPT
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Hoy os cuento qué son los GPTs personalizados, por qué están en tierra de nadie (entre las apps y los proyectos) y qué se puede hacer exactamente con ellos.
Pero antes, recordemos que en Boluda.com tenéis cursos para emprendedores, marketing online, desarrollo web, y todo lo que necesitáis para vuestro negocio online. Ayer empezamos el curso de Moodle para Fundae, en el que vemos cómo construir una academia que cumpla los requisitos de la formación bonificada de Fundae. ¡A por él!
Finalmente, recordar que ayer abrimos el directorio de profesionales. Ya podéis rellenar vuestras fichas si queréis aparecer en él. :)
Ahora sí, vamos al lío. Hoy vemos una de las herramientas de ChatGPT que más dudas genera ahora mismo: los GPTs personalizados. Ya hemos visto ChatGPT Cero, cómo configurarlo bien, las búsquedas profundas, los proyectos, las tareas y las apps… y justo por eso, al llegar a los GPTs, la sensación es clara: están un poco en tierra de nadie.
Para empezar, aclaremos conceptos. Un GPT personalizado no deja de ser un ChatGPT con instrucciones fijas. Le definimos una personalidad, un rol, unos objetivos claros y, si queremos, le damos conocimiento propio subiéndole archivos como PDFs, textos o documentos. Es, por decirlo de forma sencilla, un ChatGPT “de nicho”, pensado para hacer siempre lo mismo y hacerlo de una manera concreta.
Crear uno es muy fácil. No hace falta saber programar ni nada parecido. Desde el editor de GPTs le damos un nombre, una descripción, escribimos las instrucciones (cómo debe pensar, cómo debe responder, con qué tono, con qué nivel de detalle), y listo. Incluso podemos definir frases de inicio para guiar la conversación, como esos botones que aparecen en muchos chatbots con opciones tipo “quiero saber el estado de mi pedido”.
Además, podemos subirle contenido propio para que lo tenga en cuenta. Por ejemplo, si estamos escribiendo un libro, podemos subir el manuscrito y decirle que actúe como editor de estilo. A partir de ahí, todas las respuestas las dará basándose en ese contenido. También podemos elegir el modelo, activar o desactivar capacidades como la búsqueda web, el uso de Canvas o el análisis de código, y decidir si el GPT será privado, público o accesible solo mediante enlace.
Hasta aquí, todo suena bastante bien. El problema aparece cuando lo comparamos con el resto de herramientas que ya tenemos.
Frente a las apps, los GPTs se quedan cortos. Las apps pueden interactuar entre ellas, encadenar acciones y trabajar con varios servicios a la vez. Con los GPTs no: solo puedes hablar con uno cada vez. No puedes decir “oye Gmail, pásame esto” y luego “Drive, guárdalo aquí” dentro del mismo flujo. Si hablas con un GPT, hablas con ese GPT y punto.
Y frente a los proyectos, el contraste es todavía más claro. En un proyecto puedes definir instrucciones, subir conocimiento, trabajar con múltiples conversaciones, elegir modelos distintos según lo que necesites y, sobre todo, mantener todo organizado y con continuidad. Los GPTs personalizados no se pueden meter dentro de proyectos, no tienen memoria, no saben quién eres ni recuerdan nada de otras conversaciones. Si les preguntas tu nombre o cualquier preferencia personal, no lo saben, aunque ChatGPT sí lo tenga guardado en su memoria general.
Esto hace que, en la práctica, muchas veces tenga más sentido crear directamente un proyecto bien configurado que montar un GPT personalizado. Todo queda más ordenado, más flexible y más potente para el día a día.
¿Dónde encaj