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ROSCAS, MOCOS Y MENTIRAS! EL CANDIDATO DE MORENA SE TOMa FOTOS, INVENTA ENCUESTAS Y SE AHOGA EN SU PROPIA DESESPERACIÓN 🤡🔥
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LOS MATACHINES DEL PODER Por Chema Méndez
Hay campañas que huelen a café de olla y otras que huelen a desesperación. Esta huele a foto mal encuadrada, a rosca de reyes recalentada y a encuesta hecha con plumón. El candidato oficial anda en modo álbum familiar: cargando niños con mocos estratégicos, partiendo la rosca como si fuera la Constitución y sonriendo con esa mueca de “todo va bien” que sólo aparece cuando nada va bien.
La guerra sucia —esa piñata de lodo— pretende distraer con fuegos artificiales de feria. Mucho ruido, poco fondo. Es el manual del político en pánico: inventa números, presume victorias invisibles y posa con quien sea que pase por la banqueta, porque la cámara perdona lo que la ética no. La desesperación es mala consejera: te hace confundir el aplauso con el eco y el like con la legitimidad.
Mientras tanto, la senadora camina. No corre, no grita, no se disfraza. Camina. Y eso, en un país adicto al espectáculo, es subversivo. Ana Lilia Rivera no está vendiendo estampitas; está recordando algo incómodo: que un senador hace leyes, no banquetas. Que legislar no es cortar listones sino cortar inercias. Que el trabajo serio no siempre sale bien en la foto, pero sí en el Diario Oficial.
La respuesta a la campaña de desinformación fue quirúrgica. No se enganchó en la pelea de lodo; puso el expediente sobre la mesa. Veintinueve años de trayectoria no caben en un meme. Más de cincuenta reformas constitucionales no se borran con bots. Ser la primera tlaxcalteca en presidir la Mesa Directiva del Senado no se anula con un hilo anónimo. Y cuando explicó que “estúpido” no es insulto sino necedad voluntaria, dejó claro el punto: hay quien conoce la verdad y aun así la niega. Eso no es opinión; es método.
Aquí el contraste es brutal. De un lado, la política como álbum de Facebook. Del otro, la política como oficio. De un lado, la prisa por parecer ganador. Del otro, la paciencia de quien sabe que las encuestas serias no se inventan y que la ventaja se construye, no se photoshoppea. Cincuenta por ciento no es una ocurrencia: es una tendencia que duele a quien apostó al ruido.
La prensa responsable no está para aplaudir ni para linchar, sino para desmontar la tramoya. Y la ciudadanía —esa que no sale en la foto— entiende más de lo que creen. Por eso, cuando el grito es más fuerte, conviene escuchar el paso firme. Porque al final, el poder no se gana con roscas ni con selfies, sino con trabajo. Y el trabajo, aunque no haga ruido, camina.