Jesús es tentado, como nosotros. Las tentaciones no son ni tan grandes que no se puedan vencer, ni tan pequeñas que se puedan despreciar. Están hechas a la medida, a nuestra medida. Siendo humildes y sinceros podremos agarrarnos a la gracia de Dios y salir vencedores en este camino hacia la santidad.